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Cambiando creencias limitantes a través del perdón y la resiliencia



Las creencias limitantes son un verdadero cáncer encapsulado en nuestra mente que se manifiesta a través de pensamientos negativos y boicoteadores que no nos permiten desarrollar todo nuestro potencial, lograr los objetivos y condicionan nuestra vida.


Están insertas en cada célula de nuestro cuerpo, por lo tanto, son historia y como tal, se originan del pasado. Estas se convierten en heridas profundas y dolorosas de las cuales tenemos que hacernos cargo para cambiar nuestra vida, sino la seguiremos viviendo como autómatas con la inercia propia de la desconexión de nuestro ser.


No tenemos el poder de cambiar el pasado, pero si la forma en que lo podemos ver sin que este nos dañe y su dolor sea lacerante. Y, por sobretodo, que no nos genere un bloqueo emocional que nos impida analizar y tomar decisiones con objetividad y claridad.


Cuando repetimos patrones conductuales, formas de vivir nuestra vida y el pasado vuelve una y otra vez, no siempre lo hace a través de recuerdos sino que adopta la forma de miedos, castigos, inseguridades, frustraciones y recriminaciones, estas son las heridas emocionales que nuestro ser integral (cuerpo, mente, espíritu) todavía no ha sanado y menos cicatrizado.

Debemos enfrentar con humildad y fuerza interior nuestro otro yo. Ese que está escondido, que es frágil y está dolido, el que ha tomado todas las decisiones hasta hoy. Cada camino que dejamos atrás y cada acción que realizamos y las que nunca quisimos hacer realidad y nos ha convertido en la persona que somos hoy.


Es importante abrir la puerta de nuestro pasado al ayer que, seguramente, será con una cuota de miedo y, a la vez, de templanza para no ser un mero observador sino el caminante que se atreve a transitar por esa senda pedregosa e incómoda de la búsqueda del dolor para encontrar esa o esas heridas emocionales que son la barrera de quienes somos a quien queremos llegar a ser.





Por lo tanto, debemos vivir unos de los momentos más significativos de nuestra condición humana. Al reconocer esas heridas emocionales y su origen, necesitamos abrazarlas con compasión y conectarnos con el acto más profundo de crecimiento que es el perdón que, además, es un tránsito a la liberación personal dejando atrás una carga emotiva muy pesada que nos hacía movilizarnos a paso lento y con culpa. Al perdonar y perdonarnos, dejamos atrás el resentimiento y la amargura, ya que no negamos el dolor ni las responsabilidades, sino que elegimos liberarnos, tener paz interior y abrimos a la verdadera sanación.


Las creencias limitantes se van alejando en el horizonte como una nube oscura que se la lleva el viento del atardecer. Aparece un cielo despejado con colores azules profundos que ya ni recordábamos o que quizás nunca habíamos visto de verdad. El “no soy capaz”, “no puedo”, “no me lo merezco”, se ven como pequeñas palabras que se desvanecen.


De esta forma, nace de manera inexplicable y auténtica esa fuerza interior que tiene la capacidad de superar las adversidades pasadas con aprendizaje y humildad, renaciendo con una visión empoderada de lo que si queremos. Transforma el dolor en poder y las heridas en cicatrices emocionales, que ya son solo un recuerdo que nos impulsan a caminar un recorrido nuevo. Se abre una luz hermosa de esperanza, que es un espacio abierto para conectar con el día a día y encarar sin impedimento el futuro, favoreciendo el progreso personal. La resiliencia emocional y mental nos permite construir un presente sólido y la añoranza de un futuro constructivo con una perspectiva renovada de la vida.



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