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Dejar la autoexigencia de la “Súper Madre”


Ser madre es un aprendizaje diario, un camino continuo entre logro y error. En ese sentido, muchas veces lo que nos sirvió ayer, no necesariamente nos va a ser completamente útil mañana, porque nuestros hijos e hijas están cambiando diariamente.


Hemos escuchado que “nadie nos enseñó a ser madre”, una frase que se vuelve especialmente crítica hoy, porque estamos criando en un contexto único con niños, niñas y adolescentes hiperconectados. La verdad es que todas estamos formando por instinto a una generación que vivirá en un contexto de Inteligencia Artificial, con una naturaleza que obligará a la Humanidad a adaptarse para sobrevivir y donde el conflicto del cambio será constante. De esta manera, nosotras también estamos viviendo un momento de resignificación de ser madre.


En las redes sociales podemos encontrar muchos memes que hablan de nuestras expectativas versus la realidad o del hecho cierto de que siempre nos van a criticar porque trabajamos fuera de casa, porque hemos optado por quedarnos 100% en nuestros hogares, porque tratamos de hacer malabares compaginando ambos roles, porque les damos sólo comida sana y nunca les entregamos golosinas y una hamburguesa o porque toman bebidas y frituras.


Existe también la comparación entre cómo criaron a las generaciones anteriores y a las nuevas. Se suele decir: “En mi generación nos pegaban, nadie me preguntaba mi opinión, a mí me castigaban”. Y agregan, muy ufanamente: “Y no estoy traumado”. Y la mayoría de nosotras, que buscamos justamente no seguir repitiendo esos patrones, nos sentimos caminando contra el viento.





Es ahí donde debemos poner bien nuestros pies en la tierra y decirnos: “Lo estoy haciendo lo mejor que puedo”, “no soy perfecta, pero soy muy buena”, “si hoy me equivoqué, aprendo de mi error y mañana lo haré diferente”, “tengo derecho a equivocarme”.


No estás sola. Somos muchas y compartimos la misma experiencia. Es por ello que te comparto las siguientes recomendaciones:

  1. Encuentra tu tribu. Son otras madres que están viviendo lo mismo, que tienen tus miedos, tus desafíos, que han probado y se han equivocado. Júntense, quiéranse, compréndase y rían, rían mucho.

  2. Corresponsabilidad. No están los tiempos para el padre ausente, el que impone los castigos o quien sólo juega. Esta es una tarea conjunta. Y ojo, ellos también se equivocan, no les pidamos una perfección que tampoco tenemos nosotras.

  3. Abraza tus emociones. Si quieres llorar, si quieres reír, si quieres gritar, hazlo.

  4. Date tiempo para ti.

  5. Obsérvate. Detente, respira y evalúa los hechos sin juicios.

Disfrutemos de nuestras hijas e hijos porque, más rápido de lo pensamos, saldrán por nuestra puerta para vivir su propia vida. Al final, nuestro éxito estará en su capacidad para volar autónomamente fuera de nuestro nido.




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