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La escritura como método de autoconocimiento



¿Has notado que cuando leemos una novela que nos gusta lo sabemos todo sobre el personaje principal? Conocemos su carácter, sueños, debilidades, fortalezas, relaciones, traumas. Y eso no es casual. Quienes escribimos ficción, sabemos que trabajar los personajes es fundamental para crear una historia fascinante.


La literatura se inspira en la vida real y nada es más extraordinario que nuestra propia historia. Por eso, mirar nuestras vivencias y llevarlas al papel (o al computador), nos permite vernos en nuestra completitud, como los seres complejos que somos, con nuestras luces y sombras, y comprendernos y amarnos.


Para partir en esta práctica, pensemos en cuánto ha significado la escritura en la historia de la humanidad y el privilegio que tenemos hoy de poder acceder a ella. Tenemos una herramienta preciosa para comunicar, ordenar nuestros pensamientos, encontrar sentido, inspirar. Usémosla.


Eres el o la protagonista de tu propia vida y, al escribir tu historia, te conviertes en el narrador de ésta, quien tiene que comprender las razones del personaje principal, la raíz de sus sentimientos, por qué y cómo se relaciona con los demás.


Las técnicas para construir la trama (tanto de una historia real como ficticia) señalan que el personaje principal tiene una serie de experiencias de vida, y tiene un objetivo, un deseo, pero se ve enfrentado a un conflicto para lograr ese deseo, por lo que vivirá fuerzas a favor y en contra hasta llegar al desenlace. Y todo lo que vivirá en el camino entre el deseo y el final, lo transformará.


Llevemos esto al coaching. Tenemos una Realidad Actual y una Realidad Deseada, y para conseguir llegar a esa Realidad Deseada debemos pasar por un camino de transformación. Para concretar ese cambio, tenemos que observar los hechos, nuestras emociones, nuestros juicios, las acciones que tomamos. Y en este proceso, escribir es una herramienta poderosa.





Por eso te invito a hacer el siguiente ejercicio:


Imagínate que eres el escritor de tu propia vida (y “el poeta es un pequeño Dios”, dijo Vicente Huidobro) y tú eres el protagonista de la historia. Escríbela en primera o tercera persona, como te sea más cómodo.


1. Cuenta cómo es ese personaje, míralo y describe sus motivaciones, qué le gusta, qué le disgusta, qué le duele, por qué le duele, cómo ve a los demás, cómo se relaciona.


2. Cuál es su deseo.


3. Qué hace para lograr su deseo, qué no ha resultado, por qué no ha resultado, qué obstáculos ha vivido; cuáles son sus fortalezas para llegar a su objetivo, qué lo ha ayudado, quiénes le han dado una mano, cuáles han sido las mejores estrategias.


4. Finalmente, te invito a que crees un final feliz. Imagínate esa transformación. ¿Cómo vives ese final? ¿Dónde estás, con quiénes estás? ¿Qué haces?


Es tu historia y tú tienes la oportunidad de escribirla y crearla. Atrévete y enfréntate a esa página en blanco donde todo está por conquistarse.




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